De dónde venimos

Nos encontramos en un momento especial de este deporte que en los últimos años ha experimentado un espectacular crecimiento. Hasta no hace muchos años en mis salidas al monte lo más que me podía encontrar era a ciclistas de la modalidad mountain bike que también ha crecido bastante, pero no era frecuente encontrar gente corriendo por el monte y menos haciendo ultradistancia. Ahora salir a correr un fin de semana es no parar de saludar a otros corredores que se te cruzan hasta en las sendas mas escondidas.

 

Todo comenzó en la Western States de 1974, una carrera ecuestre de 100 millas en 24 horas que Gordy Ainsleigh convirtió en pedestre siendo el origen de las carreras modernas de ultrafondo por montaña. Una tónica de estas carreras salvo contadas excepciones es su reducido cupo, debido a que suelen pasar por entornos naturales protegidos por su especial belleza y aislamiento. Así la propia Western tiene una limitación de 396 corredores, cifra que se mantiene vigente en todas las pruebas por espacios naturales protegidos en Estados Unidos y llama mucho la atención que no este redondeada a 400.

 

¿Que hace especial el momento que vive este deporte? Muchas cosas, pero quizás su mayor magia sea la fusión que hay entre los corredores populares con la élite. Si a cualquier ciclista aficionado se le dijera que puede tomar la salida en el Tour de Francia y coronar los pasos de los Alpes junto a sus ídolos, sin duda pensaría que ha muerto y se encuentra en el cielo de los ciclistas. Nuestro equivalente al Tour quizá sea el UTMB, carrera mediática donde las haya que sin ser la más dura es la referencia, La Meca a la que todo corredor aspira acudir al menos una vez en la vida. Su trazado de 168 km y 9.600 m+ dando la vuelta al Mont Blanc y atravesando tres países la envuelve de un áurea especial. En la salida se apiñan corredores de todos los niveles y rincones del planeta, los grandes acuden por el prestigio de ganarla sin tener premio económico alguno, los populares por superación personal. En meta tanto el ganador como el último son recibidos como héroes, se les valora a todos por igual, es la magia de este deporte en la que la competición en la mayoría de los casos es contra uno mismo, es una lucha física y psicológica contra nuestros límites, es algo personal.

 

Hay carreras tan prestigiosas como la Hardrock 100 en Colorado, que con su trazado montañero y sus 10.000 m+ se ha convertido en una de las grandes. Sólo 140 plazas por estricto sorteo sin existir reservas para los profesionales, de hecho incluso Kilian Jornet tan solicitado para que participe en otras carreras, ha entrado en el sorteo sin resultar agraciado. En el mismo estado de Colorado se celebra la mítica Leadville 100 que es la prueba que se celebra a más altitud de todas las que se llevan a cabo en suelo estadounidense y en la que el mundo pudo contemplar como los corredores Tarahumara, una tribu indígena del norte de México calzados con sandalias hechas con trozos de neumático y tiras de cuero, ganaban a los mejores ultrafondistas del país.

 

¿Hacia donde vamos?

En los últimos años las grandes carreras han aumentado los requisitos para poder participar en ellas, sin duda debido a la creciente demanda y al poco número de dorsales. En el UTMB se impuso un sistema de puntos y cada vez se han ido exigiendo mayor número de ellos para poder participar, e incluso la Western States y la Hardrock 100 han acabado adoptando un listado de carreras clasificatorias para poder inscribirse. Aunque ahora mismo los requisitos son asequibles para los corredores populares, se observa una tendencia que de seguir así puede hacer peligrar el binomio entre corredores populares-élite, sobre todo si en un futuro empezasen a pedir tiempos y aunque de momento a corto plazo la cosa no parece grave, si que empiezan a notarse ciertas distorsiones entre los profesionales y los del montón.

 

Tras la muerte de una de las participantes en la edición de 2012 de Cavalls del Vent se ha producido un punto de inflexión en lo que ha seguridad en el material a llevar se refiere, o al menos tengo esa percepción. Lo cierto es que la cuarta edición de la prueba sufrió un día de fuerte lluvia y frío que hicieron que tan sólo cruzasen la línea de meta 223 de los 896 corredores que tomaron la salida. En muchas pruebas exigen como material mínimo una lista interminable de cosas que hay que transportar a la espalda y ha surgido bastante polémica en algunas carreras importantes, en las que los corredores populares se quejaban de que a las figuras se les eximía de tales requisitos, atravesando la línea de meta con mochilas minimalistas en las que no portaban el material mínimo exigido al resto de corredores y compitiendo por tanto con ventaja.

 

Aunque es verdad que el material que se pide es por motivos de seguridad y que los profesionales van a terminar en un tiempo bastante inferior a los corredores populares, incluso no teniendo que hacer noche, los requisitos asimétricos rompen el principio de todo deporte que es competir en igualdad de condiciones. Creo que una forma elegante y justa de arreglar esto, sería precisamente el introducir en el reglamento la acreditación de los tiempos en carreras similares, y en función de esos tiempos exigir el material obligatorio.

 

Así para por ejemplo una carrera de 100 km en la que dan un tiempo de 24 horas para finalizarla, para aquellos corredores que acrediten en otra carrera de similar distancia y desnivel haberla finalizado en menos de X horas, se les exige como material mínimo tal y cual y al resto además de lo anterior otra lista, de esta manera aunque sigue habiendo corredores con distintos pesos a la espalda, hay unas reglas objetivas e iguales para todos. Creo que el cuidar las formas es importante y eso ayudará a que la magia de este deporte no se pierda, y a que en el futuro no tengamos que lamentarnos como Jorge Manrique diciendo que cualquier tiempo pasado fue mejor.